La retícula, vieja aliada del diseño editorial, vuelve a ocupar un rol central. Pero no como estructura rígida: ahora es un mapa flexible que permite romper patrones, explorar narrativas más visuales y conectar lo clásico con lo experimental.
El diseño editorial está atravesando un momento fascinante. Después de años de propuestas caóticas o extremadamente minimalistas, las revistas redescubrieron la potencia del diseño modular. No se trata de volver al orden estricto de la Escuela Suiza: el enfoque de 2025 es híbrido, experimental y profundamente narrativo.
Las nuevas publicaciones trabajan con retículas que pueden incluir columnas irregulares, módulos que cambian de tamaño página a página y espacios estratégicamente vacíos que funcionan como respiración visual. Este tipo de diseño permite construir recorridos más inmersivos, donde el lector no solo recibe información: la atraviesa, la experimenta, la siente.
La estética actual busca una identidad entre lo calculado y lo intuitivo.

Las dobles páginas aceptan asimetrías más atrevidas, las imágenes pueden atravesar la grilla sin perder coherencia, y los titulares se comportan como elementos gráficos, no solo textuales. Los diseñadores están usando las retículas como “sistemas vivos”, capaces de mutar según el tono del artículo, el peso del contenido o incluso la personalidad del entrevistado.
El resultado es un editorial más emocional y cinematográfico, donde cada página funciona como un fotograma dentro de una secuencia visual mayor. Las editoriales están apostando a este equilibrio entre estructura y libertad para recuperar lectores que buscan experiencias visuales más artesanales en un mundo digital saturado.

